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Las reflexiones tras el Dr. Jekyll y Mr. Hyde

  • 4 abr 2016
  • 3 Min. de lectura

El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde es una de esas novelas que no pasa desapercibida en el historial de lecturas personal de cada persona. El planteamiento del conflicto interior entre el bien y el mal, que todo ser humano tiene alguna vez a lo largo de su vida, en mayor o menor grado -no todos llegamos a pensar en realizar atrocidades como las que Henry Jekyll considera y Edward Hyde ejecuta-, hace reflexionar al lector, sobre todo al final de la novela.

Comienza la narración con el paseo de dos amigos -Richard Enfield y Gabriel John Utterson, ambos posicionados socialmente-, haciendo explotar la intriga de repente, después de haber creado un imagen llena de misterio, a pesar de la simplicidad de lo que relataba. Lo hace cuando uno de ellos le cuenta una situación vivida, hace un tiempo, en la misma calle por la que paseaban, frente a esa misma puerta, donde ahora se situaban. En ella un extraño y despreciable personaje, Mr. Hyde, le hace daño a una niña sin sentir ningún tipo de compasión. Lo más extraño es que Gabriel Utterson descubre que ese ser es una especie de protegido de su muy buen amigo el doctor Henry Jekyll.

En tan solo unas pocas páginas plantea varios enigmas que se van desvelando poco a poco a lo largo de la obra. Y a la vez se van generando preguntas que hacen pensar a quien lee lo relatado. Desde el principio es una novela cautivante. Varios elementos contribuyen a despertar un gran interés en la historia que está a punto de contarse. El ambiente no podría ser mejor para situar los hechos: la industrializada Londres del siglo XIX en invierno; da ese toque frío y oscuro perfecto para el desarrollo de los hechos. También es una ubicación ideal para los personajes principales, de clase alta. Aparte, las descripciones de lugares oscuros -no menos que algunos personajes- y situar acciones tan inauditas nos recuerda un poco a los relatos de Edgar Allan Poe, sin duda, pero obviando tanta truculencia.

Mirando la obra desde una perspectiva más global nos damos cuenta de que el personaje principal de la obra presenta un síndrome de personalidad múltiple, un trastorno psiquiátrico. Personajes así nos llevan otra vez a la obra de Poe. Stevenson y Poe no llegaron a conocerse, ya que el segundo murió a un año del nacimiento del primero. Pero se ve, claramente, ambos están influidos por la misma época: el Romanticismo.

Es obvio, porque ambos escritores presentan personajes que, hablando directamente, están locos. Esa fascinación romántica por los personajes que se apartan y son apartados del resto de la sociedad es clara en ambos. También, cómo buscan lugares retirados, como el gabinete del doctor Jekyll, donde se desenvuelve la parte más impactante de la historia. Allí es donde el personaje principal se transforma en quien lo libera: Edward Hyde. En él, puede manifestar el lado oscuro de su ser, atrayente por un lado pero tan malo a los ojos de su lado bueno. Aunque se sintiera bien siendo Mr. Hyde, en el momento que tuvo que tomar la decisión de ser uno u otro acabó eligiendo ser Henry, el buen hombre, devoto y caritativo. ¿Eso significa que el ser humano, como conciencia, es bueno ante todo? Pero Hyde se acaba apoderando de Jekyll, por mucho más que quiso deshacerse de él. Ya no hacía falta la medicina para que el mal se manifestara en el doctor. ¿Eso significa que cuando el mal se manifiesta no hay vuelta atrás? ¿Nos consumen nuestras acciones?

Este tipo de preguntas nos lleva a plantearnos la novela. Juntar esto con la forma en la que está escrita, el ambiente y los personajes redondos la hacen una novela muy buena. Después cada uno la podrá calificar como quiera según le haya gustado más o menos.

Para finalizar, me ha llamado mucho la atención cómo una parte del Dr. Jekyll, un personaje tan complejo, está formado por uno que es la encarnación del mal -maligno física y psicológicamente-, vamos, un personaje muy plano; me parece una curiosa ironía.

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